jueves, 19 de junio de 2014

RESEÑA DE LA NOVELA "LA LUZ EN LA TORMENTA"


LA LUZ EN LA TORMENTA     Autor: PALOMA CARABALLO




                Una preciosa historia romántica entre dos jóvenes diferentes, pero a la vez, tan parecidos, en medio del gran ciclón Andrew que azotó Estados Unidos el siglo pasado.  Durante su huida podemos disfrutar de las diversas conversaciones entre la pareja, todas relacionadas con el universo y las distintas religiones,  a pesar de la delicada situación en la que se encuentran. Es una novela diferente, muy bien escrita (en primera persona), con un lenguaje claro, unos diálogos frescos y fácil de entender. La portada es sencilla e invita a comprar el libro. La autora consigue ponernos en la piel de la protagonista (Laura) y que de verdad sintamos el miedo de ser devorados por ese terrible huracán. Felicidades a Paloma Caraballo por su extraordinario trabajo y deleitarnos con tan agradable lectura.

SANDRA EC

miércoles, 18 de junio de 2014

***CELEBRANDO LA MAYORÍA DE EDAD*** (2ª PARTE)

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         Bastante tiempo después, la misma chica que nos atendió en la entrada, entró para hablar con el que había contratado los servicios. El espectáculo había acabado y teníamos que abandonar el salón. Sentía pena por tener que irme, pues aquella mujer había despertado en mí, todos los sentimientos hasta ese momento adormecidos. Tenía la imperiosa necesidad de buscar desahogo, y lo cierto era que no me apetecía nada tener que hacerlo por mi cuenta, con mi propia mano. Calixto, que era así como nosotros llamábamos al pene, había despertado de un largo sueño, y no se conformaba con una simple paja. Quería sentir la humedad de aquella zona estrecha. Ansiaba el contacto con una mujer.
         Mi sorpresa fue que los demás tenían esa misma necesidad. Algunos comentaron de subir con las chicas a las habitaciones, pero yo me opuse rotundamente. No me apetecía tener mi primera relación sexual con una profesional del sexo. Al final todos apoyaron mi negativa y salimos del club.
         Ya en los vehículos, decidimos que antes de rematar la noche, sería bueno hacer una última parada. Michael conocía una discoteca a la cual acudían muchas mujeres guapas, dispuestas a dar todo el cariño del mundo.
         Condujimos apenas cinco minutos, para llegar a una discoteca con demasiada iluminación exterior. El aparcamiento estaba a rebosar de coches. Ahí sí que cobraran las entradas, aunque por ser tan tarde, nos dejaron pasar sin abonar la misma.
         Ya dentro, fuimos directos a la barra. Todos pedimos cerveza y tomamos  asiento. Desde aquella zona, podíamos ver cómo bailaban las chicas en la zona habilitada para ello, y cada cual se quedó con la que más le gustaba. Pocos minutos después, bajamos a la pista y nos fuimos aproximando a ellas. Una chica de piel muy blanca y ojos azules se acercó a mí, y me preguntó cuál era mi nombre. Charlamos durante un buen rato hasta que ella dijo tener sed. La invité a tomar algo en la barra, y después nos sentamos en unos sofás que había en una zona un poco más alta. Noté rápidamente que ella también buscaba algo más que compañía, pero no fui yo quien se lo propuso, pues en breves minutos, su mano acariciaba mis muslos. A simple vista debía tener más de veinticinco años.
         Con delicadeza, enterré mis manos en su cabello ondulado, pero ella respondió con posesividad, abalanzándose sobre mi cuerpo. Su boca acaparaba toda la mía, chupándome, lamiéndome, mordisqueándome. Su fiereza y decisión me habían gustado. En segundos la tenía sentada sobre mí, con las piernas holgadamente abiertas. Deseaba poseerla en aquel momento. Ella me propuso pasar a los servicios, y tiró de mi mano con tenencia. Yo miré hacia todos los lados, pues nunca me había gustado romper las normas. Nadie nos observaba, así que entramos.
         Los baños no eran muy grandes, pero sí lo suficiente como para acoger a dos personas. La rubia cerró la puerta de la entrada con llave y de forma brusca, como poseída, y me miró a los ojos con descaro. Yo esperaba que se lanzara una vez más sobre mí, pero no fue así. Poco a poco, fue desabrochando los exiguos botones de la blusa morada, dejando entrever unas pequeñas montañitas sonrosadas. Me invitó a que me acercara para probar su sabor, y eso hice. Después volvió a separarse de mí y se puso de espaldas. Poco a poco, la falda se fue deslizando piernas abajo, dejando a la vista unas braguitas de encaje negras. La tomé por la cintura y me refregué contra ella, aumentando de esa forma mi erección. Nuevamente tomó el control de la situación, e hizo que me sentara sobre el váter, me quitó la camiseta de manga corta que llevaba puesta, y se agachó para poder acceder mejor a mi pecho. Yo me moría de las ganas de poseerla en aquel mismo instante, pero ella retrasaba el momento. Estaba claro que le encantaba exhibirse y provocar, y lo estaba consiguiendo, vaya que sí.
         Me levanté para disfrutar de su boca, de sus labios en forma de corazón, apoderarme del lóbulo de sus orejas, de su barbilla, de su cuello. Cada vez estaba más y más encendido. Ella volvió a agacharse para quitarme el pantalón corto que llevaba. A la vista quedó mi colosal erección, expectante y a la vez, dolorosa. Necesitaba con urgencia que aliviara esa tortura, ya me daba igual la manera.
         Con primorosa habilidad, tomó mi pene entre sus manos y lo masajeó, acarició, pero yo pedía más. La muy inteligente se dio cuenta, e introdujo a Calixto en su boca. Yo me aferraba a sus cabellos, muerto del deseo.
         Fueron minutos de gloria, en los que disfruté como nunca me lo hubiera imaginado. Esa chica sabía muy bien lo que hacía.
         A punto de llegar al orgasmo, la tomé en brazos y la arrinconé contra la pared azulejada. Tomó mi miembro entre sus manos y ella mismo lo introdujo en su hendidura, húmeda y preparada para el combate. Para ser mi primera vez, no noté demasiado dolor, sí algunas molestias al principio, pero teniendo en cuenta el nivel de excitación, pasaron casi desapercibidas. Ella gritaba como una gatita en celo, pidiendo acometidas más vigorosas. En pocos minutos llegamos al clímax. Nuestros cuerpos chorreaban por todas partes. Había sido extraordinario, mágico.
         En silencio nos vestimos. Ella se acicaló el pelo ante el espejo, y yo me mojé la cabeza con agua fresca. Alguien insistía en entrar, tocando de forma repetida en la puerta. Salimos cogidos de la mano, ante la mirada atónita de dos chicas.

         Mis amigos estaban bailando en la pista con las suyas. Nos unimos a ellos y la noche continuó. 

SANDRA EC

martes, 17 de junio de 2014

***CELEBRANDO LA MAYORÍA DE EDAD*** (Primera parte)


         Mis padres no sabían absolutamente nada de lo que iba a ocurrir aquella noche. Su afán por protegerme, hacía que me sintiera todavía más niño, y ya estaba harto de eso.
         El sábado cumplía dieciocho años. Ellos querían organizar algo en casa, con la familia, pero yo les dije que ya era hora de poder celebrarlo con mis amigos del instituto, y otros tantos conocidos. Éstos, planearon una cena en una hamburguesería, a la que acudíamos muy a menudo, y después iríamos de juerga toda la noche.
         En el Burger únicamente pudimos beber cerveza, pero para empezar a calentar motores, fue suficiente. Cualquier cosa nos hacía gracia, aunque siempre respetando a la gente que compartía con nosotros el local.
         Algo bueno que aprendí de mis progenitores, fue elegir conscientemente a mis amigos. Formábamos un grupo bastante compenetrado, pero sobre todo, sano. No nos iban las drogas ni las borracheras de fin de semana. Alguna vez habíamos cogido un contentillo, pero nada que ver con los otros que conocíamos, que acudían fin de semana sí, otro fin de semana también, a hacer botellón.
         Después de llenar el estómago con una buena dosis de comida basura, fuimos a un pub que regentaba el hermano de uno de los compis. El local era relativamente pequeño pero bastante acogedor. Las luces de colores, al compás con la música actual, invitaban a mover el esqueleto. Como la entrada era gratuita, únicamente tuvimos que hacer una consumición por persona. Yo no tenía que conducir, y además, era mi aniversario, con lo cual decidí tomarme otra cerveza. Por una vez, quería darme un capricho.
         Éramos trece chicos y cinco chicas, todos de la misma edad y mismas aficiones. Bailamos y charlamos durante horas, hasta que la gente se fue retirando y nos vimos obligados a abandonar el establecimiento.
         Serían las dos de la madrugada, más o menos, y yo me imaginé que cada uno regresaría a sus casas. Las chicas decidieron dar por finalizada la noche, pero los chicos me propusieron continuar con la marcha, a la que accedí gustoso.
         Tuvimos que caminar un rato para coger los coches de unos que ya tenían el carnet. Condujimos como diez minutos, hasta llegar a un Club nocturno. Yo me quedé un poco fuera de lugar, pues nunca había estado en un sitio de esas características. Sí había escuchado hablar a algunos compañeros de lo que ahí se hacía, pero lo cierto era que nunca me había llamado demasiado la atención.
         Al parecer, ya lo tenían todo organizado. Habían contratado parte de los servicios del local para nosotros. En un principio tuve cierto recelo y preocupación, pues yo nunca había estado con una mujer en la intimidad. Sí había salido con chicas, pero jamás había sido nada en serio, y menos con sexo. Cuando había que desahogarse, bastaba con un buen masaje en la zona, y si alguna chica se prestaba a practicar una buena felación, mucho mejor.
         En la entrada, dos de ellos se identificaron y ya nos dejaron pasar sin más miramientos.
         En el interior había poca luz. Al fondo, muchos sofás ocupados por chicos y chicas en poses un tanto atrevidas. Una se acercó, y habló con mi amigo Carlos. No sé si él estuvo atento a lo que ella le decía, pero a lo que a mí se refiere, no me enteré de nada. Mis ojos se centraron en unos pechos bien hechos, erguidos y apenas cubiertos con un top de color rojo pasión. Un cinturón del mismo color que el top, cubría parte de su cintura, sobre una falta negra que por la parte trasera, dejaba ver sin tapujos, la tanga del mismo tono. Creo que con sólo verla, mi pene se volvió loco.
         La chica nos guió hasta un reservado, al fondo del local. Cruzamos varias estancias en las cuales se escuchaban gemidos, gritos, aplausos y jadeos. Entramos y la música comenzó a sonar. En medio del salón había una pequeña pasarela, con una barra de acero en el centro. Nos sirvieron de beber y el espectáculo comenzó. Los temas musicales eran sensuales, lentos pero con un toque especial. Una chica con un traje blanco salió por una de las puertas y se acercó. Debajo de la chaqueta no llevaba absolutamente nada, solamente una corbata rosa colgando de su cuello, destacaba sobre la piel morena. Sus movimientos eran sexis, provocativos. Mis amigos estaban como locos, retándola a que se fuera despojando de aquellas prendas, para poder disfrutar de unos pechos maquillados con brillantina. Ella se desmelenaba en aquella barra vertical.
         Sabía perfectamente lo que nosotros queríamos, lo adivinó en nuestras miradas, lascivas y hambrientas. Me invitó a subir para ayudarla a desnudarse. Lo primero que hizo fue decirme que me sentara en una silla y ella sobre mí. Sus manos me fueron guiando, dejándose manosear sin pudor alguno. La sensación de haber tocado aquellos senos hinchados, sudorosos, hizo que me sintiera más animal que nunca. Quité su chaqueta para poder acariciar los pezones, luego le tocó al pantalón, que contaba con corchetes a los lados y, de un tirón desapareció, dejando a la vista un tanga de color dorado y unas piernas bien formadas. Los chicos se morían de la envidia.
         Sonaba Madonna, “Justify my love”. Ella se desenvolvía muy bien sobre el escenario, al ritmo de un tema excesivamente erótico, ofreciéndonos lo que tanto anhelábamos. No sé los demás, pero yo estaba a mil.

         Regresé donde estaban mis amigos, y continuamos con la fiesta. A la rubia despampanante de la pasarela, se unieron dos más, tan ligeras de ropa como la primera. Nuestros ojos estaban a punto de salirse de las órbitas. Las copas de champán se amontonaban sobre las pocas mesas que había en aquel salón....................

SANDRA EC 

viernes, 13 de junio de 2014

LA HORA DE LA METAMORFOSIS


         La casa colgante mantenía siempre la misma temperatura, fría como el hielo, igual que un cadáver. Grandes ventanales con estores en forma de tela de araña ocultaban la luz natural durante el día, además de contar con un sistema especial que Henry había diseñado para él. La había situado en una zona aislada del bullicio, con abundante vegetación y poblado bosque. A cinco metros de altura, podía controlar a todo aquel que osaba acercarse a su humilde morada.
         Aquella tarde las nubes anunciaban tempestad, las copas de los pinos parecían tiras de lágrimas. Todo indicaba que se acercaba un gran temporal.  
         Mark había sido diseñado por Henry en un laboratorio clandestino gracias a una manipulación genética. Una mezcla entre humano, vampiro y reptil. Durante el día, su apariencia era totalmente normal, quizá demasiado perfecta. Dependiendo de cómo se presentara la noche, adoptaba la versión vampiro (noche estrellada) o la de un reptil (noche lluviosa).
         Durante los primeros años de vida, había sido manipulado al antojo de su creador y propietario. A medida que fue creciendo, exigió cierta independencia, imitando a la mayoría de los jóvenes de su edad, pese a sus grandes diferencias.
         Por la mañana acudía a la universidad en moto, para que el viento calara entre la ropa, llegara a su piel y le calmara la necesidad que tenía de poseer al mayor número de mujeres posibles en tiempo record. Había sido proyectado para practicar distintos ensayos y, a la vez, poner en práctica técnicas que la investigación oficial no permitía. Le apasionaba el mundo, las costumbres populares, los idiomas, la gente en sí… Allí, hizo amistades de todo tipo, masculinas, femeninas; y por primera vez, experimentó lo que una persona normal siente al tener relaciones sexuales con otra del mismo o distinto sexo. Había probado con ambos, cierto, pero su debilidad era las mujeres.
         Los actos de copulación eran siempre durante las horas diurnas, pues llegada la noche, no sabía a ciencia cierta, cuál sería su destino. Daba igual el lugar, solamente quería desahogarse de aquella presión que sentía en su entrepierna. La testosterona la tenía por las nubes, los testículos estaban a punto de reventar ante tal apretura y esa continua erección lo mantenía expectante, a la caza.
         Esa misma mañana le echó el ojo a una pelirroja de ojos verdes y labios gruesos. Según había escuchado de otros chicos, tenía las típicas medidas de modelo, noventa sesenta noventa. Se imaginó bajo aquellas caderas alabeadas, exprimiéndole todo su jugo, arrancándole gritos de frenesí. Una sensación incontrolable se apoderaba de él, y hacía que todo lo animal que había en su interior hiciera acto de presencia. Sin pensarlo, se acercó a ella y se presentó. La chica parecía bastante receptiva, y en seguida aceptó salir a dar una vuelta con él en la moto que tenía aparcada no muy lejos. Cogió del cofre frontal los dos cascos y arrancó hacia el valle donde vivía.
         Sin ningún impedimento, accedió a subir por unas escaleras que habían ingeniado para ello. Estaba inmensamente asombrada con la alta tecnología que había en su interior. Mark no esperó más y se abalanzó sobre la joven, enterrando sus manos entre aquel cabello bermejo y rizado. La respiración se tornó agitada, ciertamente desesperada. Su bestia interior emergió, dominando el momento. Los dientes se afilaron y por un momento, ella se separó de su boca, pues había notado algo extraño. En apenas unos segundos, Mark volvía a chuparla, lamerla, mordisquearla, incapaz de controlar sus arrebatos. Deseaba clavar sus dientes agudos en el cuello de ella, pero sabía que eso era imposible a aquella hora. Le desabotonó la blusa que llevaba entreabierta para succionar unos pechos erectos, grandiosos. Sin dejar de gemir, desabrochó los botones de los vaqueros de ella y hundió varios de sus dedos en aquella zona húmeda y, a la vez caliente, esquivando la tanga negra de encaje que llevaba puesta. Sus ojos habían perdido la forma humanoide, convirtiéndose en hostiles. Menos mal que habían apagado la luz, bajado los estores y la claridad exterior ocultaba lo que realmente había bajo aquella coraza.
         Ella hizo lo mismo con él, despojándolo del suéter malva y unos pantalones cortos, quedándose ambos en ropa interior. Mark la arrinconó contra una de las paredes desocupadas del dormitorio, se quitó el slip y a ella la poca ropa que le quedaba encima, la sentó sobre sus vientre y sin preámbulos, la envistió con impaciencia. Ella gimoteaba plácidamente, pidiéndole más y más fuerte. Sus uñas se clavaban en la espalda de él, dejando pruebas evidentes de la fogosidad. Una cola armadilla se desplegó de su trasero, meneándose en cada acometida. El tamaño de su verga se había multiplicado por tres, aunque la chica no protestó en ningún momento, es más, disfrutada en cada penetración. Los dos llegaron conjuntamente al clímax, pero él no era de los que se saciaban con un simple revolcón. Podía llegar a eyacular hasta diez veces seguidas, sin descanso. La tomó en brazos y se la llevó a la cama. Él se acostó por debajo y le pidió que le hiciera una felación. La chica lo miró con cara traviesa, lamiéndose sus propios labios. Se puso de rodillas y pasó la lengua por aquel pene erecto y endurecido, introduciéndolo en la boca hasta la garganta, una y otra vez. Él se agarraba con fuerza a la almohada hasta que no pudo más y con fiereza la tomó de las manos y la sentó sobre su miembro, agarrándola por los muslos para hacer más presión en los movimientos galopantes. Mark gritaba de placer. De su garganta emanaban sonidos poco mortales, le daba igual que ella se sintiera intimidada, al fin y al cabo, sería sólo una vez. Él eyaculó en su interior.
         Era el momento de darle placer a la chica. La acostó sobre la cama, ató las muñecas de ella con una corbata que tenía ya a mano y le abrió ampliamente las piernas para poder introducir lo máximo posible su lengua en el interior de ella. Le encantaba el sabor a sexo reciente, lo excitaba todavía más. Incansable, chupaba con porfía sus labios, insistiendo tercamente en un clítoris considerablemente excitado. Su piel empezaba a cambiar de color, volviéndose áspera y grisácea. El grado de excitación de ambos era absoluto. La chica llegó temblando al orgasmo en pocos minutos. Estaba extasiada, pero Mark seguía encendido. Miró el reloj que tenía sobre la mesita y comprobó que todavía le quedaba tiempo para otro asalto. La tomó por una muñeca y la puso en la posición de perro. Se agarró fuertemente sobre el vientre de ella, le abrió todo lo que pudo las piernas y la asaltó por el ano. En las manos empezaban a salirle escamas verdosas, pero no podía parar. Remataría lo que había comenzado como a él le gustaba, llegando al punto culminante y dejando a su acompañante al borde de un infarto.
         Pero el apogeo se resistió tanto, que la noche empezó a caer, los árboles se movían de forma brusca, chocando los unos con los otros y las nubes adivinaban tormenta. Mark salió corriendo hacia el baño. La chica estaba tumbada en la cama, de espaldas a la ventana y a la puerta por la que había salido él. El sueño se apoderó de ella, a pesar del frío gélido que hacía en aquel habitáculo. Estaba absorta y tremendamente satisfecha con la tarde tan maravillosa que le había ofrecido Mark.
         Mientras, él continuaba encerrado en el baño. Su metamorfosis había comenzado y ya no había marcha atrás. Teniendo en cuenta que la noche se avecinaba tempestuosa, su cuerpo había tomado la forma de “Dragón de Agua Chino”, una especie de iguana de aproximadamente un metro de largo con una larga cola y de color verde encendido. Él necesitaba salir para poder zambullirse en el pantano que Henry había construido fundamentalmente para esas ocasiones. Así como cuando era humano, tenía la imperiosa necesidad de copular incesantemente, cuando era reptil ansiaba nadar y alimentarse de pequeños insectos, orugas, gusanos y lombrices; y cuando se transformaba en un depredador chupasangre, se nutría de plasma humano, buscando por las noches cadáveres frescos, todavía calientes.

         Pasó más de una hora y un relámpago despertó a la chica. Miró a uno y otro lado de la cama, pero Mark no estaba. Lo llamó y no recibió contestación alguna. Preocupada, se cubrió el cuerpo con la sábana,  tocó con los nudillos en la puerta del baño y al no recibir respuesta abrió la misma de forma pausada. Estaba vacío. Se adentró para hacer un pis y cuando se disponía a sentarse en el wáter miró hacia la bañera que estaba a su derecha y dentro encontró una iguana que la observaba atentamente, con aquellos ojos redondos. Pegó un grito y salió corriendo, dejando la puerta abierta. Recogió su ropa del suelo con rapidez y bajó a todo gas por las escaleras de tablillas sin mirar hacia atrás.  

SANDRA EC

miércoles, 11 de junio de 2014

REFLEXIONES DE UNA MALA NOCHE


         ¡No podía creer lo que había ocurrido! Estaba casi segura de que era él, o eso pensé. Llovía a cántaros y la oscuridad se apoderó de mis ojos empañados. Lo tenía a tiro y no dudé en descargar mi arma sobre su cuerpo.
         Habían sido muchas las noches tras él, unas veces vestidos de paisanos, en otras ocasiones disfrazados, divagando por bares y locales que abrían hasta muy tarde, mezclándonos con gente mezquina, criminal, noctámbula. Nuestra Comisaría necesitaba un reconocimiento, una medalla, pues llevábamos bastante tiempo sin detener a individuos relevantes, con un currículum más que notorio. Además, el Comisario nos lo había dejado bien claro: “de esta noche no debía pasar”.
         Quizá fueran mis ganas de meterlo entre rejas las que me llevaron a cometer semejante error, o tal vez, la impotencia de sentirme sola teniéndolo tan cerca. Yo era una persona que sabía controlar sus emociones, pues, por desgracia, había visto muertos muy a menudo, personas ensangrentadas, mujeres y niños víctimas de violaciones, ancianos agredidos; pero cuando me di la vuelta y lo vi, tras de mí, con aquella sonrisa burlona, homicida, cachondeándose de lo que acababa de ocurrir, me dio un bajón, y me desmayé, rendida sobre aquellos adoquines fríos, húmedos. La lluvia caía incesante sobre mi cuerpo desfallecido, calando hasta mi ropa interior, perforando mis huesos, arrugando mi piel visible.
         No podía creer que hubiera hecho tal cosa, después de todas las clases físicas y psicológicas, todo el entrenamiento, la formación y los años de experiencia que, aunque no eran muchos, sí los suficientes como para aprender de los errores y poner en práctica todo lo estudiado anteriormente.
         No podría decir con exactitud el tiempo que estuve allí, tendida, vulnerable, pegada al cuerpo exánime de Sergi. Estoy segura de que si hubiera querido matarme, lo habría hecho, pues estaba a su entera disposición, incapaz de defenderme. Seguramente pensó que sería mayor su venganza de esa forma. Había disfrutado con la escena, con mi cara asustada, sorprendida, abrumada. Había sido su mejor trabajo, sin duda. Abatir a un agente y dejar a otro bien tocado, sin manchar sus propias manos de sangre, sin ningún trabajo o esfuerzo. Sólo le había faltado filmarlo y colgarlo en las redes sociales.
          Cuando me desperté, estaba aturdida y tenía mucho frío. Mi cuerpo tiritaba, la cabeza me daba vueltas y vueltas, igual que cuando montas en una noria. Tenía una brecha en la frente, de la cual emanaba una considerable cantidad de sangre que conseguía penetrar por mis labios y se mezclaba con la saliva. Una sensación que me recordaba mi niñez, cuando me había caído de la bicicleta y me había roto dos dientes. Escuché sirenas que se iban acercando. Levanté la vista y pude comprobar que dos hombres me observaban con inquietud. Ni sus caras ni sus voces me eran familiares. Supuse que serían vecinos que habían escuchado algo extraño y habían salido de sus domicilios o de los locales cercanos para curiosear. Quise mover el brazo derecho pero no lo conseguí, posiblemente me lo había fracturado. De nuevo volví a perder el conocimiento, aunque sí podía escuchar más voces y ruido de teléfonos móviles. Alguien me hablaba, insistía en que moviera alguna extremidad.
         Otro tipo de sirenas, distintas a las anteriores se aproximaban con urgencia. Más gente cerca, hablando con un tono alarmado, preocupado. ¿Qué ha ocurrido? Yo deseaba abrir los ojos, levantarme, hablar, preguntar por Sergio. Imposible, nada respondía a mis órdenes internas.
         Escuché decir, ¡Aquel está muerto! No podían estar hablando de mi compañero de oficio, me negaba a creerlo.
         Me tomaron en brazos y sentí que mi cuerpo era acomodado en una camilla. Lo supe por la estrechez y el olor a fármacos que desprendían las sábanas. Presionaban fuertemente mi frente, para parar la hemorragia. Lo cierto era que ya no sentía dolor, solamente tenía ganas de dormir.
         Nuevamente una voz hercúlea rondaba infatigable a mi izquierda <<¿Cómo se encuentra? ¿Se recuperará? ¿Es grave?>> Estaban todos allí, rodeándome, preocupándose por mi estado. Me pusieron una mascarilla de oxigeno que alivió un poco mis ahogados pulmones. Creo que mi corazón también lo había agradecido, aunque a mí, realmente ya me daba igual. En cuanto despertara, no podría cambiar lo acontecido. Ojalá pudiera hacer un truco de magia, cubrir a Sergio con una sábana oscura, darle tres toques con mi varita y ¡tantatachán!
         Me introdujeron en un vehículo, intuí que debía ser una ambulancia, pues había percibido claramente los sonidos tan característicos que emiten en momentos de emergencia sanitaria. El pavimento adoquinado no ayudaba nada, mi cuerpo se tambaleaba de un lado a otro de la camilla. Sentía un fuerte dolor en el pecho, algo me oprimía y no podía respirar ¡Dios, hazlo ya, acaba con este calvario de una vez!
         Percibí nuevamente unas manos enfundadas en látex sobre mi carne. Gritaban ¡la perdemos! Me retiraron la mascarilla y soplaron aire en mi boca, tomaron mi muñeca derecha, localizando la arteria radial durante un minuto, me masajearon el pecho a la altura del esternón. Vuelven a gritar ¡La tenemos!
         No sé por qué se habían molestado tanto, si a mí me daba igual. Prefería que el tiempo y los medios que invertían en mí, se los ofrecieran a mi compañero, que igual no estaba muerto, solamente inconsciente. Quizá no apunté bien, quizá se giró un poco y la bala simplemente le pasó rozando.
          Sentí que la ambulancia se paraba, escuché el ruido de las dos puertas traseras abrirse y cómo me sacaban del habitáculo medicalizado. Intuí que habíamos llegado al hospital de la provincia porque los médicos que me acompañaban están informando a los internos de todo lo que me habían suministrado por vía intravenosa ¡Esta herida tiene muy mala pinta!
         Seguro que tenían cosas más importantes que hacer. Quería suplicarles que me dejaran así, no deseaba seguir viviendo, no sería justo, aunque me hubiera gustado despedirme de mis padres y contarles la verdad. Volví a sentir sueño, ojalá fuera el final. Quizá me estuviera dirigiendo al más allá y pudiera encontrarme con el compañero al que le arrebaté la vida sin razón evidente. Quizá me perdone y pueda descansar con la conciencia tranquila.


SANDRA EC

martes, 10 de junio de 2014

ATREVIDO



         <<Aquella parece interesante>> pensó Erick, mientras no le quitaba la vista de encima a una rubia que había sentada en un taburete al fondo de la barra.
         Llevaba el pelo corto y despeinado, con un flequillo escalado, muy atrevido y femenino. Un corte ideal para personas con mucha personalidad y actitud, dándole un aire de rebeldía. Estaba sentada con la pierna derecha cruzada sobre la izquierda. El vestido que la envolvía, era de color violeta y a duras penas cubría su asombrosa figura. Los pies estaban adornados con unas sandalias de aguja negras con lunares morados, con un tacón vertiginoso de quince centímetros y hebillas en los laterales. Sobre la barra, tenía su bolso de mano, del que sacó un pequeño espejo ovalado, una barra de labios color pasión y sin prestar atención a quienes la observaban, perfiló sus gruesos labios con excesiva gracia.
         No podía evitar escrutar cada uno de sus movimientos, a cual, más provocativo. Por momentos le recordaba a la mujer que un día fue el amor de su vida y que partió de su lado por egoísmo y felonía. Desde entonces, no volvió a ser el mismo hombre, cariñoso, detallista, romántico; se convirtió en un depredador de féminas, sin importarle las consecuencias de sus actos ni los sentimientos de ellas.  Sólo buscaba disfrutar de los placeres de la vida y así, olvidar el daño que una vez le hizo, aquella que decía amarlo.
         Otro en su lugar, se lo pensaría, pero él estaba tan seguro de sí mismo, de su capacidad para lograr sus propósitos, que no lo dudó ni un segundo más. Desde la otra punta del bar, cogió la consumición y se acercó a la barra.
        Una mujer tan hermosa no puede estar tanto tiempo sola – susurró a pocos centímetros de ella – es un crimen.
         Ella giró la cabeza para observarlo.
        No necesito a nadie  – dijo rotundamente, al tiempo que se tomó de un sorbo el tequila que el barman le acababa de servir. 
         Ya somos dos – afirmó y dejó que ella se lo creyera – aunque no pude evitar posar mis ojos sobre tu sugerente silueta.
        Mira todo lo que quieras – su voz le parecía incitante.
        Me llamo Erick – anunció, tendiéndole su mano derecha.
        Muy bien Erick. Dejemos las cosas claras – espetó, girando su taburete hacia el de él, y descruzando las piernas.
        Dime – consiguió articular, sin dejar de observar lo que aquellas piernas medio abiertas dejaban ver. Estaba acostumbrado a ser él quien llevara las riendas y seducir.
        Regla número uno – declaró, levantando el dedo pulgar – nada de nombres.
         Erick asintió con la cabeza.
        Segundo. Esto va a ser un rollo de una noche, nada más.
         Él aprobó con otro movimiento ligero de cabeza, su segunda regla.
        Tercera y última norma: Una vez haya acabado, si te he visto no me acuerdo. Cada uno a su madriguera – No bajó su dedo corazón hasta que Erick ratificó.
        Acato todas tus exigencias, aunque llevas una leve ventaja sobre mí.
        ¡Ah, sí! – dijo sorprendida la fulgurante y enigmática mujer. En ese momento volvió a llamar al camarero para que le sirviese otra copa.
        Pues sí. Tú ya sabes cómo me llamo.
        Vaya, se trata de eso – musitó con semblante pensativo. Tomó el chupito entre sus dedos y se lo llevó a la boca –, eso lo arreglamos rápidamente. Si quieres puedes llamarme Afrodita, diosa del amor.
        Muy bien Afrodita, pues mis reglas son las siguientes: no hay reglas que valgan, me gusta todo en una mujer, y cuando estoy con ella lo quiero todo, y todo significa todo. Me excita que jueguen conmigo en la cama o donde se preste, no cabe la timidez, el pudor ni la modestia. No llevo reloj, lo que significa que no controlo el tiempo – tomó aire antes de concluir –. Creo que eso es todo. Ah, y no soy celoso, pues si quieres puedes traerte a alguna amiga.
         Ella se le quedó mirando fijamente, reflexionando sobre cada punto que había expuesto. <<Qué se ha creído este tío>>.  
         <<La tengo en el bote, ésta cae, sí o sí>>, sentenció. Empezaba a estar excitado ante la idea.
         Afrodita miró a su alrededor, y con voz impaciente le dijo al oído:
        Me encantan los juegos. En el coche llevo un set esperando a ser estrenado – lo observó por el rabillo del ojo para ver su reacción al tiempo que se mordía el labio inferior.
        Hummm, suena muy tentador – respondió Erick con evidente fogosidad.
        Muy bien. Voy un momento al servicio, no te vayas sin mí – dijo con un hilo de voz y posando su dedo índice sobre los labios de él.
        Créeme, no lo haré.
         Mientras Afrodita se dirigió al baño para acicalarse, Erick pidió un whisky doble para ponerse a tono.
        ¿Has visto a esa rubia? – señaló al que estaba al otro lado de la barra.
         Él no contestó. Simplemente se limitó a asentir con la cabeza mientras le daba brillo a unos vasos de cristal.
         <<Este engreído se va a enterar de quién soy yo>> pensó ella.
         Volvió a pintarse los labios, se arregló un poco el pelo y salió del aseo con total tranquilidad y confianza. Se acercó a él, lo miró directamente a los ojos y le susurró:
        Tengo un problema, donjuán – sonrió abiertamente.
        Si se trata de preservativos, no te preocupes, tengo suficientes en mi coche. De todos los colores y sabores.
         Ella se rió descaradamente.
        Vaya semental estás hecho – vaciló con exagerada amabilidad.
         Ella se mesó el pelo para continuar:
        Has cometido un desafortunado error – sostuvo. El tono de voz había cambiado.
         Erick dejó de tamborilear con los dedos sobre la barra. Sus miradas se cruzaron y quedaron suspendidas la una en la otra. Una chica rubia, muy parecida a Afrodita se acercó a ambos y la besó en los labios. Un beso ardiente, con lengua.
        Se me había olvidado comentarte– esbozó una sonrisa de satisfacción –, que me gustan las mujeres. Detesto los hombres como tú, soberbios, altivos, engreídos y arrogantes, que tratáis a las mujeres como meros objetos a manipular a vuestro antojo.
         Él la miró perplejo y aturdido. Era la primera vez que lo dejaban plantado, desde la fuga de su mujer con un ecuatoriano, y no le había gustado la sensación de frustración y ridículo.
        Ah, no te olvides de pagar la consumición – ordenó gélidamente –. Nosotras nos vamos a probar el set del que te hablé antes.
         Las dos chicas se agarraron de la mano y salieron del local. Erick se había quedado sin palabras. Al cabo de unos segundos, pasó los dedos por el pelo y miró consternado hacia el barman, que aguantaba la risa como buenamente podía. Acabó la copa, pidió la cuenta y huyó de allí.


 SANDRA EC

lunes, 9 de junio de 2014

RESEÑA DE LA NOVELA "LUZ, RÉQUIEM POR UN SKINHEAD"

        """LUZ, RÉQUIEM POR UN SKINHEAD"""  Autor: Lars, W. Jacobson 

Ha sido una novela que me ha puesto los pelos de punta desde el principio hasta el final.

Los problemas de la sociedad y de nuestra juventud se ven fraguados en esta historia. El abandono por parte de las familias, el desamparo, el desinterés, los problemas familiares, escasez de dinero y trabajo, el racismo, falta de cariño y atención por parte de los padres; todo ello mezclado y agitado, forman una bola de fuego, fuego con el que juegan los protagonistas principales. Tanto Sonia como Niebla (Marcos), Luz o Duncan, acaban pagando las consecuencias de vivir en el seno de unas familias deterioradas y putrefactas. 

Para mi opinión, es una historia difícil de narrar por su contenido, donde los personajes son altamente tóxicos. Imposible empatizar con ninguno de ellos. Pero su autor ha hecho un gran trabajo, describiendo a la perfección los protagonistas, consiguiendo que enganche y a la vez, transmitiéndonos un mensaje.

Felicito a su autor por el coraje y la destreza y lo animo a seguir en esta faceta.

Si os gusta la novela negra negra, ésta es otra que recomiendo.

SANDRA EC